Miquel Navarro aterriza en la Lonja del Pescado con La ciudad de las torres, una exposición concebida como una instalación que reúne un conjunto de esculturas que condensan los ejes fundamentales de su práctica: la verticalidad como forma persistente del pensamiento urbano, la materia como registro del tiempo y la ciudad como organismo vivo atravesado por tensiones.
Miquel Navarro (Mislata, 1945) desarrolla una obra centrada en la ciudad entendida no como representación literal, sino como estructura simbólica, material y temporal. La exposición La ciudad de las torres, concebida como una instalación, reúne un conjunto de esculturas que condensan los ejes fundamentales de su práctica: la verticalidad como forma persistente del pensamiento urbano, la materia como registro del tiempo y la ciudad como organismo vivo atravesado por tensiones.
Las torres, dispuestas en un campo abierto y sin jerarquía fija, configuran un paisaje escultórico donde los vacíos adquieren un papel activo. Más que objetos aislados, los elementos se articulan como un sistema de
relaciones que sugiere recorridos, pausas y zonas de concentración, invitando al espectador a una experiencia espacial y reflexiva.
Lejos de representar una ciudad concreta, la obra se sitúa en un plano estructural. La torre aparece como una forma arquetípica que atraviesa culturas e historias, vinculada a la visibilidad, el poder y la organización del territorio.
Despojadas de función y detalle, las formas se presentan como volúmenes esenciales que activan una reflexión sobre la persistencia de ciertas configuraciones urbanas. Esta aproximación conecta con una lógica cercana a la arqueología: la ciudad se entiende como sedimentación de capas, como acumulación de fragmentos y tiempos superpuestos.
La materia —barro, terracota, acero cortén— no solo construye la forma, sino que registra procesos de transformación, desgaste y memoria. La instalación se presenta así como un sistema abierto, susceptible de variación, donde cada montaje genera nuevas relaciones.
Para Navarro, la ciudad es también un cuerpo colectivo, unsistema vivo atravesado por flujos y tensiones. La obra no representa un lugar, sino que propone un territorio en constante transformación, donde materia, tiempo y espacio se entrelazan en una experiencia abierta entre lo real y lo imaginado.
Miquel Navarro fue galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas en 1986, y su obra forma parte de destacadas colecciones nacionales e internacionales,
entre ellas las del Museo Reina Sofía, el Centre Pompidou o el Museo Guggenheim.
Datos del evento
De enero a junio y de septiembre a diciembre
- De martes a Viernes: de 9:00 a 14:00 h. y de 16:00 a 21:45 h.
- Sábado: 10:00 a 14:00 h. y 17:00 a 21:45 h.
- Domingos y festivos: 10:00 a 14:00 h.
- Lunes: cerrado.
Julio y agosto
- De martes a sábado: de 10:00 a 14:00 h y de 16:00 a 20:45 h
- Lunes: cerrado
Cerrado los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 de enero.
Entrada gratuita (algunas exposiciones son de pago)


